La Comunidad tutela al bebé de la madre que mató a su hija

Constituyó uno de los sucesos más deleznables y atroces de la historia reciente de la Comunidad riojana. El 26 de enero de 2020, Adriana Ugueto asesinaba a su hija de tan solo cinco años en la habitación 404 del céntrico hotel Los Bracos de la capital riojana. Poco más de dos años después, en febrero de 2022, un Tribunal del Jurado, tras un angustioso procedimiento legal, emitía un veredicto de culpabilidad por el que el magistrado imponía Prisión Permanente Revisable a la madre de la pequeña Carolina. Fue la primera vez en que la Justicia de La Rioja decretaba la máxima condena que recoge el Código Penal tras unos hechos que conmocionaron a la sociedad riojana y española.

Adriana Ugueto suma ahora un nuevo episodio a su siniestro currículo. A principios de esta misma semana daba a luz a un bebé concebido en el centro penitenciario de Logroño. Exactamente seis años después del terrorífico asesinato, y cuatro después de la condena impuesta por la Audiencia Provincial, vuelve a ser madre tras haber asesinado a su hija. 

Según las fuentes consultadas por El Día de La Rioja, el progenitor del bebé (del que no ha trascendido el sexo) es un interno de origen latino que no se encuentra ya en la cárcel de la capital riojana. 

Ambos se conocieron, siempre en base a las mismas fuentes consultadas por este periódico, en una de las actividades mixtas que organiza la prisión. Tampoco ha trascendido si se trataba de una ocupación de carácter laboral o de índole formativa. 

Tras conocerse, mantuvieron relaciones sexuales. Y en este punto surgen dos versiones diferentes. Por un lado, algunas fuentes señalan que el contacto sexual se produjo en los baños del centro penitenciario mientras se encontraban en la citada actividad mixta. Por otro lado, otras fuentes presuponen que tras entablar amistad, solicitaron un encuentro privado (vis a vis).

Más allá de los detalles, Adriana Ugueto fue trasladada al área destinada para presos en el hospital San Pedro donde fue hospitalizada bajo una férrea presencia policial, como es habitual en las estancias de internos penitenciarios en el complejo hospitalario.

Según las mismas fuentes, a principios de esta misma semana (no se ha detallado la fecha exacta) dio a luz a un bebé y tras recuperarse del parto fue trasladada de nuevo por efectivos policiales a la prisión de la capital riojana. 

Ahora bien, Servicios Sociales de la Comunidad autónoma ha estado pendiente en todo momento de la evolución del embarazo ante el riesgo severo que suponen los antecedentes de una madre capaz de asesinar a su propia hija de tan solo cinco años de edad.

De hecho, el área de Gobierno que comanda María Martín ha iniciado el proceso para hacerse con la custodia del recién nacido y remitir el expediente correspondiente a la Fiscalía de menores.

No ha trascendido tampoco si el bebé permanece bajo los cuidados médicos o si por el contrario ha sido trasladado ya a las instalaciones de los Servicios Sociales de la Comunidad autónoma de La Rioja dispuestas para edades tempranas.

Filicida. La asesina y filicida Adriana Ugueto, actualmente con 41 años de edad, suma de esta manera un episodio más a su cruel y atroz trayectoria fuera de prisión y  proyecta síntomas de absoluta frialdad dentro del centro penitenciario.

Tal y como determinó la Audiencia Provincial, la progenitora de la pequeña Carolina, en connivencia con su madre, reservaron la habitación 404 del hotel Los Bracos de Logroño con un plan perfectamente diseñado. El 26 de enero de 2020, Adriana obligó a su hija de cinco años a ingerir lormetazepam, en una dosis tal que la menor quedó en un estado profundo de sedación. A continuación, su propia madre asfixió a la niña presionando boca y nariz y poniendo fin a su vida. Tres días después, la abuela, que según el fallo judicial presenció y permitió los terribles hechos, fue hallada muerta en el río Ebro.

Todo llevó e pensar en ese momento que Adriana también había planificado su suicidio a juzgar por las cartas a familiares remitidas días antes de los hechos.

Fue calificada como una mujer obsesiva y posesiva si bien, «no padecía ningún trastorno que afectara a su conciencia y voluntad». La Fiscalía consideró en todo momento que el asesinato de Carolina fue un acto de venganza y resentimiento hacia el padre de la pequeña.

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