Cada diez años se realiza un censo nacional con todas las cigüeñas que hay en España. Esta simbólica ave pasó muy malos momentos en los años 70, cuando estuvo a punto de desaparecer. Desde entonces, su población ha crecido poco a poco. Aunque, en los últimos tiempos, un leve descenso en las cifras ha llevado a los expertos a preocuparse. Digamos que por ahora es un «semáforo amarillo». Para charlar del tema, quedamos en la ribera del Ebro con Luis Tirado, biólogo de SEO/Birdlife. Tanto él como la asociación a la que representa tienen una carrera de décadas en la ornitología.
«Lo primero que tengo que decir es que he colaborado en todos los censos que se han elaborado, y es una especie que está fuera de peligro; de hecho, el valle del Ebro es el hábitat donde mejor están», comenta Tirado. Sin embargo, advierte que del censo de 2004 al de 2025, las parejas reproductoras riojanas han descendido de 499 a 463. Entre medias, se hizo un censo en 2014. Aunque esta vez las cifras difieren. Mientras que Tirado apunta a que en aquel año había alrededor de 600 parejas, desde la Consejería de Medio Ambiente detallan que se registraron 455. Si obviamos estos datos con diferentes versiones, la tendencia de los últimos 20 años va ligeramente hacia la baja.
Luis Tirado conoce bien las causas. El biólogo apunta, principalmente, a una curiosa razón. «Es un ave que depende de la comida de los vertederos; como muchos se han clausurado y la materia orgánica se recicla ahora a través del contenedor marrón, han perdido parcialmente su principal fuente de alimento», desvela el experto. Otro de sus principales sustentos está en las fincas agrícolas. Topillos, ratones, cangrejos americanos... los animales que asolan los cultivos de regadío son un manjar para las cigüeñas.
«Es una especie que hace un control natural de plagas, aunque con los químicos que se echan en el campo a veces mueren envenenadas por acumulación», lamenta el delegado de SEO/Birdlife. Primero los vertederos, luego los plaguicidas... y ahora la electricidad. «Y bueno, como con todas las aves, muchas fallecen al chocarse con los tendidos eléctricos, especialmente en estos días de mucha niebla en el valle del Ebro; por eso, sería positivo señalizarlos con elementos fluorescentes», señala el biólogo Luis Tirado.
La última causa que enumera como enemiga de las cigüeñas también tiene que ver con los vertederos. «A veces, confunden los plásticos que se tiran a los basura con alimento... por ejemplo, una correa de transmisión con una culebra, y acaban asfixiadas o intoxicadas», asegura Tirado. Pero, lo fundamental, es la desaparición de esos vertederos al aire libre.
Como abrir vertederos solo para cigüeñas parece una idea rocambolesca, Tirado sugiere medidas que hagan a la especie estar más cómoda. Por ejemplo, la instalación de postes artificiales donde puedan anidar. O la colocación de pantallas debajo de los nidos de las iglesias: que prevengan su caída de excrementos a los monumentos y así sus nidos no sean retirados. «Debemos ser conscientes de que las cigüeñas son una especie que, como muchas, sirve de indicador de cómo está la naturaleza; si faltan, mal asunto», dice Tirado.
Es curioso que la sensación de muchos ciudadanos respecto a las cigüeñas sea que ya no emigran. Tradicionalmente, esta ave, como muchas otras, se iba a África en invierno para huir de los meses de frío europeo. «Pero como cada vez hace más calor en invierno -ya estamos viendo que ahora difícilmente cae una helada- aproximadamente la mitad de los ejemplares pasan el invierno en el propio valle del Ebro», apunta el biólogo Luis Tirado. La otra mitad, o se va al suroeste de la península o a países del norte de África como Marruecos. «Y las del norte de Europa, como Alemania, pasan estos meses en España», añade Tirado. Casi como con las personas.
Asimismo, cabe reseñar que es un ave que está expandiendo su hábitat de cría hacia lugares antes desconocidos, como la cornisa cantábrica o el sur de Francia. «Es una adaptación forzosa de la naturaleza al cambio climático», sentencia el experto. Para terminar, la productividad del ave en el último censo ha descendido ligeramente. En el 2014, de cada nido salían 1,69 polluelos. En 2025 fueron 1,41.
«Lo primero que tengo que decir es que he colaborado en todos los censos que se han elaborado, y es una especie que está fuera de peligro; de hecho, el valle del Ebro es el hábitat donde mejor están», comenta Tirado. Sin embargo, advierte que del censo de 2004 al de 2025, las parejas reproductoras riojanas han descendido de 499 a 463. Entre medias, se hizo un censo en 2014. Aunque esta vez las cifras difieren. Mientras que Tirado apunta a que en aquel año había alrededor de 600 parejas, desde la Consejería de Medio Ambiente detallan que se registraron 455. Si obviamos estos datos con diferentes versiones, la tendencia de los últimos 20 años va ligeramente hacia la baja.
Luis Tirado conoce bien las causas. El biólogo apunta, principalmente, a una curiosa razón. «Es un ave que depende de la comida de los vertederos; como muchos se han clausurado y la materia orgánica se recicla ahora a través del contenedor marrón, han perdido parcialmente su principal fuente de alimento», desvela el experto. Otro de sus principales sustentos está en las fincas agrícolas. Topillos, ratones, cangrejos americanos... los animales que asolan los cultivos de regadío son un manjar para las cigüeñas.
«Es una especie que hace un control natural de plagas, aunque con los químicos que se echan en el campo a veces mueren envenenadas por acumulación», lamenta el delegado de SEO/Birdlife. Primero los vertederos, luego los plaguicidas... y ahora la electricidad. «Y bueno, como con todas las aves, muchas fallecen al chocarse con los tendidos eléctricos, especialmente en estos días de mucha niebla en el valle del Ebro; por eso, sería positivo señalizarlos con elementos fluorescentes», señala el biólogo Luis Tirado.
La última causa que enumera como enemiga de las cigüeñas también tiene que ver con los vertederos. «A veces, confunden los plásticos que se tiran a los basura con alimento... por ejemplo, una correa de transmisión con una culebra, y acaban asfixiadas o intoxicadas», asegura Tirado. Pero, lo fundamental, es la desaparición de esos vertederos al aire libre.
Como abrir vertederos solo para cigüeñas parece una idea rocambolesca, Tirado sugiere medidas que hagan a la especie estar más cómoda. Por ejemplo, la instalación de postes artificiales donde puedan anidar. O la colocación de pantallas debajo de los nidos de las iglesias: que prevengan su caída de excrementos a los monumentos y así sus nidos no sean retirados. «Debemos ser conscientes de que las cigüeñas son una especie que, como muchas, sirve de indicador de cómo está la naturaleza; si faltan, mal asunto», dice Tirado.
Es curioso que la sensación de muchos ciudadanos respecto a las cigüeñas sea que ya no emigran. Tradicionalmente, esta ave, como muchas otras, se iba a África en invierno para huir de los meses de frío europeo. «Pero como cada vez hace más calor en invierno -ya estamos viendo que ahora difícilmente cae una helada- aproximadamente la mitad de los ejemplares pasan el invierno en el propio valle del Ebro», apunta el biólogo Luis Tirado. La otra mitad, o se va al suroeste de la península o a países del norte de África como Marruecos. «Y las del norte de Europa, como Alemania, pasan estos meses en España», añade Tirado. Casi como con las personas.
Asimismo, cabe reseñar que es un ave que está expandiendo su hábitat de cría hacia lugares antes desconocidos, como la cornisa cantábrica o el sur de Francia. «Es una adaptación forzosa de la naturaleza al cambio climático», sentencia el experto. Para terminar, la productividad del ave en el último censo ha descendido ligeramente. En el 2014, de cada nido salían 1,69 polluelos. En 2025 fueron 1,41.