La debacle de las acciones tecnológicas, la aversión al riesgo y las salidas de los inversores particulares destruyen 1,9 billones de valor en el mercado. La revolución cripto prometida por el republicano se desvanece
Bitcoin y el mercado cripto están en caída libre. La criptomoneda se ha hundido este jueves y cotiza en torno a los 65.600 dólares y ha borrado todas las ganancias acumuladas desde la victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre de 2024: en la jornada de los comicios, el 5 de noviembre, cerró en los 69.163. Se desploma más de un 9% en el día y más de un 25% en lo que va de año. Esta tónica es generalizada en el mercado cripto, que en tan solo una semana ha perdido medio billón de dólares de capitalización y desde sus máximos en julio (4,3 billones de dólares), se ha reducido casi a la mitad, hasta los 2,4 billones. Las razones detrás de este declive son múltiples. La debacle de las tecnológicas ha provocado una oleada de ventas en las acciones tecnológicas. Y bitcoin, tradicionalmente correlacionado con la renta variable estadounidense, ha amplificado estos movimientos a la baja. Los ETF, el único sustento para su precio, están registrando salidas masivas de dinero y las tesoreras han ralentizado o paralizado las compras. De la época dorada para los activos digitales que tenía que inaugurar la nueva administración estadounidense no queda ni rastro.
Durante meses, la criptomoneda original parecía haber madurado. La volatilidad estaba en mínimos, grandes inversores institucionales apostaban por hacerle hueco en la cartera, mientras los minoristas más especuladores buscaban otros activos para hacerse con ganancias fáciles. Del Salvaje Oeste el ecosistema pasó a ser una alternativa válida para invertir incluso a largo plazo. El impulsor de este milagro tenía nombre y apellido: Donald Trump. Fue el primer criptobro en sentarse en el Despacho Oval y la industria lo veía como un mesías, el único posible salvador de un sector que se sentía hostigado por la anterior administración.
Trump hizo muchas promesas a la industria antes de los comicios, mientras ingentes flujos de dinero salían de las empresas cripto para financiar su campaña. Empezó su propio proyecto cripto, consciente de que cuánto más cerca del sector, mejor para ganar votos y recursos. Cuando proclamó ganador de las elecciones, hubo fuegos artificiales en el mercado: bitcoin se disparó un 10% y un mes después alcanzó por primera vez los 100.000 dólares. El sector no tenía dudas: con el republicano empezaría una época dorada para las criptos.
Pese a los vaivenes del mercado por sus ideas cambiantes y su furia arancelaria, el ecosistema creció al son de una postura y una supervisión más laxas hacia la industria. Trump cumplió con la lista de deseos: bajo su mandato cambió a la cúpula de la SEC, ahora pro cripto, la fiscalía archivó múltiples demandas contra compañías; amplió su imperio empresarial con varios proyectos ligados a estos activos; estrechó relaciones con grandes actores del ecosistema, como Binance o Crypto.com, e hizo negocios con ellos pese a su pasado opaco; también dio luz verde a la primera legislación del país sobre stablecoins, colocando a EE UU entre los destinos preferidos de emisores e inversores.
Pero más de un año después, la revolución cripto prometida por Trump ha acabado más bien en una regresión y el sueño de la consolidación de bitcoin como un activo más se ha quedado una ilusión. “Ha quedado expuesto como un activo especulativo, sin lograr consolidarse como una cobertura contra la devaluación similar a la de los metales preciosos”, indica Manuel Pinto, analista de mercados. En un entorno de extrema incertidumbre y con el índice de miedo y codicia marcando miedo extremo en el mercado, los activos digitales sucumben. Solo una parte del mercado sobrevive a esta involución: el de las stablecoins, que gracias a su estabilidad y utilidad incluso como forma de pago, han atraído la atención de las grandes instituciones financieras, sumergidas ahora en una carrera para emitir estos activos.
En cambio, bitcoin sigue en su espiral bajista, que empezó en octubre del año pasado cuando la amenaza de Trump de nuevos aranceles contra China activó el botón de las ventas y liquidaciones en cadena, que llevaron a esfumarse más de 19.000 millones de dólares en pocas horas. Aquel el episodio fue solo la punta del iceberg en un mercado ya muy tenso, que no se ha recuperado desde entonces: desde sus máximos, bitcoin se hunde un 42%.
Sus recientes movimientos ya no dependen solo de factores ligados al ecosistema cripto, sino que reflejan el sentimiento de los mercados. Sergio Ávila, analista de IG, destaca que en estas caídas el detonante viene de fuera. “Ventas masivas en tecnológicas e IA, cierre de posiciones largas apalancadas y un mercado de futuros donde ya hay más cortos que largos”, señala. Es decir, muchos t
Bitcoin y el mercado cripto están en caída libre. La criptomoneda se ha hundido este jueves y cotiza en torno a los 65.600 dólares y ha borrado todas las ganancias acumuladas desde la victoria de Donald Trump en las elecciones de noviembre de 2024: en la jornada de los comicios, el 5 de noviembre, cerró en los 69.163. Se desploma más de un 9% en el día y más de un 25% en lo que va de año. Esta tónica es generalizada en el mercado cripto, que en tan solo una semana ha perdido medio billón de dólares de capitalización y desde sus máximos en julio (4,3 billones de dólares), se ha reducido casi a la mitad, hasta los 2,4 billones. Las razones detrás de este declive son múltiples. La debacle de las tecnológicas ha provocado una oleada de ventas en las acciones tecnológicas. Y bitcoin, tradicionalmente correlacionado con la renta variable estadounidense, ha amplificado estos movimientos a la baja. Los ETF, el único sustento para su precio, están registrando salidas masivas de dinero y las tesoreras han ralentizado o paralizado las compras. De la época dorada para los activos digitales que tenía que inaugurar la nueva administración estadounidense no queda ni rastro.
Durante meses, la criptomoneda original parecía haber madurado. La volatilidad estaba en mínimos, grandes inversores institucionales apostaban por hacerle hueco en la cartera, mientras los minoristas más especuladores buscaban otros activos para hacerse con ganancias fáciles. Del Salvaje Oeste el ecosistema pasó a ser una alternativa válida para invertir incluso a largo plazo. El impulsor de este milagro tenía nombre y apellido: Donald Trump. Fue el primer criptobro en sentarse en el Despacho Oval y la industria lo veía como un mesías, el único posible salvador de un sector que se sentía hostigado por la anterior administración.
Trump hizo muchas promesas a la industria antes de los comicios, mientras ingentes flujos de dinero salían de las empresas cripto para financiar su campaña. Empezó su propio proyecto cripto, consciente de que cuánto más cerca del sector, mejor para ganar votos y recursos. Cuando proclamó ganador de las elecciones, hubo fuegos artificiales en el mercado: bitcoin se disparó un 10% y un mes después alcanzó por primera vez los 100.000 dólares. El sector no tenía dudas: con el republicano empezaría una época dorada para las criptos.
Pese a los vaivenes del mercado por sus ideas cambiantes y su furia arancelaria, el ecosistema creció al son de una postura y una supervisión más laxas hacia la industria. Trump cumplió con la lista de deseos: bajo su mandato cambió a la cúpula de la SEC, ahora pro cripto, la fiscalía archivó múltiples demandas contra compañías; amplió su imperio empresarial con varios proyectos ligados a estos activos; estrechó relaciones con grandes actores del ecosistema, como Binance o Crypto.com, e hizo negocios con ellos pese a su pasado opaco; también dio luz verde a la primera legislación del país sobre stablecoins, colocando a EE UU entre los destinos preferidos de emisores e inversores.
Pero más de un año después, la revolución cripto prometida por Trump ha acabado más bien en una regresión y el sueño de la consolidación de bitcoin como un activo más se ha quedado una ilusión. “Ha quedado expuesto como un activo especulativo, sin lograr consolidarse como una cobertura contra la devaluación similar a la de los metales preciosos”, indica Manuel Pinto, analista de mercados. En un entorno de extrema incertidumbre y con el índice de miedo y codicia marcando miedo extremo en el mercado, los activos digitales sucumben. Solo una parte del mercado sobrevive a esta involución: el de las stablecoins, que gracias a su estabilidad y utilidad incluso como forma de pago, han atraído la atención de las grandes instituciones financieras, sumergidas ahora en una carrera para emitir estos activos.
En cambio, bitcoin sigue en su espiral bajista, que empezó en octubre del año pasado cuando la amenaza de Trump de nuevos aranceles contra China activó el botón de las ventas y liquidaciones en cadena, que llevaron a esfumarse más de 19.000 millones de dólares en pocas horas. Aquel el episodio fue solo la punta del iceberg en un mercado ya muy tenso, que no se ha recuperado desde entonces: desde sus máximos, bitcoin se hunde un 42%.
Sus recientes movimientos ya no dependen solo de factores ligados al ecosistema cripto, sino que reflejan el sentimiento de los mercados. Sergio Ávila, analista de IG, destaca que en estas caídas el detonante viene de fuera. “Ventas masivas en tecnológicas e IA, cierre de posiciones largas apalancadas y un mercado de futuros donde ya hay más cortos que largos”, señala. Es decir, muchos t