Iñaki Urdangarin Liebaert (Zumarraga, Gipuzkoa, 1968) estrena nueva vida. Tras pasar por prisión (el Supremo lo condenó a cinco años y diez meses por delitos relacionados con el 'caso Nóos'), el exjugador del Barça de balonmano, doble medallista olímpico y exmarido de la infanta Cristina, pasa página de manera radical.
Con 58 años recién cumplidos, inmerso en un nuevo proyecto empresarial y a punto de publicar sus memorias ('Todo lo vivido', Grijalbo), el vasco visitó la redacción de Sport para hablar sobre su paso por prisión, sus recuerdos deportivos, sus medallas olímpicas y sus planes de futuro.
'Bevolutive' es su nueva aventura empresarial. De alguna manera, Iñaki Urdangarin vuelve a conectarse al mundo del deporte.
Exactamente. 'Bevolutive' es un proyecto que me hace volver, que me hace recuperar las experiencias del pasado, tanto deportivas como personales. Y rescatar todas las vivencias, algunas de ellas extraordinarias, que he vivido en estos 58 años de vida, y volver a trasladarlas tanto a deportistas como al mundo corporativo. En general, a las personas, pero sobre todo a los deportistas para acompañarlos en este tránsito hacia una nueva etapa vital después del deporte.
El Urdangarin que llegó a las categorías inferiores del Barça de balonmano, ¿de qué estaría más orgulloso?
De haberme llevado unos valores del deporte que me han acompañado toda mi vida. El deporte es una escuela de vida, que se dice muchas veces, pero no siempre se practica: haberme llevado unos valores de disciplina, trabajo en equipo, resiliencia... Y gestión de conflictos, porque un vestuario no es fácil. Todo eso me ha servido en el resto de mis etapas vitales: ese ADN nunca te abandona.
¿Es un ADN que, en parte, le marca Valero Rivera por su disciplina?
Y no tan solo la disciplina, aunque evidentemente para llegar a la élite y mantenerte como nos mantuvimos había que tener una gran disciplina. Valero era todo el proyecto: consiguió que la cultura del equipo fuese indestructible y que el equipo estuviese por encima de las individualidades. Innovó, supo gestionar el grupo y los egos del vestuario y trabajó esos valores para que luego, cuando dejes el deporte, veas que todo valió la pena. Y que detrás del deportista se forme una persona.
Con Valero, si el mejor jugador del mundo llegaba tarde cinco minutos, no jugaba y tenía una buena multa...
Exactamente. Las reglas eran iguales para todos y la disciplina era para todos. El valor del equipo era superior al individual. Se podían fichar estrellas, pero lo importante es que se adaptasen al grupo.
Aquel equipo demostró que se podía ganar todo con una base de la casa y alguna pincelada extranjera, como por ejemplo Veselin Vujovic.
Efectivamente. Había una columna vertebral que pudo ser una referencia, un Lorenzo Rico en la portería al principio, un Vujovic, un Bogdan Wenta... gente que marcaba la élite en este deporte, pero si eso no lo acompañas con uno o dos por puesto, de gran calidad, nacionales, catalanes, de la cantera, no da resultado. El Dream Team que consigue todos esos éxitos del 1995 al 2000, se construye realmente mucho antes.
Ser olímpico es lo máximo para un deportista. ¿Qué foto olímpica elegiría?
Recordaría tres momentos. La primera vez que eres olímpico, en Barcelona'92, en nuestra ciudad, en nuestro país, algo que ves crecer desde años antes. Llega el momento y estás en el escenario que has soñado durante toda tu vida. La primera medalla olímpica, Atlanta, 96, con una dificultad de clasificación tremenda y personalmente con una lesión complicada que pude superar. La satisfacción de pisar el podio olímpico es indescriptible. Y el tercero, Sydney'00: mi retirada, mi último partido en activo y otra vez con el bronce.
Está a punto de publicarse su libro. Se titula 'Todo lo vivido' ¿Qué se encontrarán los lectores?
He creído que era la oportunidad y el momento de explicar las cinco etapas más importantes de mi vida: cómo se ha construido el Iñaki de hoy, dar a conocer más a la persona y a los distintos personajes que se han conocido de Iñaki, ya sean positivos como el deporte o los no tan buenos como la etapa oscura que viví. Todo es una suma de aprendizajes, de situaciones que hay que afrontar como cualquier persona y de las que hay que sacar los mejores resultados posibles para seguir sumando capítulos de mi vida.
Urdangarin, con el director de SPORT, Joan Vehils, en su visita a la redacción de SPORT / GORKA URRESOLA
En el libro, habla abiertamente de esos malos momentos, de su paso por prisión... No oculta nada.
Nada. Al final la prisión te trae un momento de reflexión, de autoconocimiento, de enfrentar cara a cara lo que te ha sucedido. Y es un momento de máxima evolución en el que tienes que darte cuenta de lo que te ha llevado hasta allí y de lo que necesitas para continuar. La cárcel fue una lección maravillosa de honestidad y de vulnerabilidad; de afrontar l
Con 58 años recién cumplidos, inmerso en un nuevo proyecto empresarial y a punto de publicar sus memorias ('Todo lo vivido', Grijalbo), el vasco visitó la redacción de Sport para hablar sobre su paso por prisión, sus recuerdos deportivos, sus medallas olímpicas y sus planes de futuro.
'Bevolutive' es su nueva aventura empresarial. De alguna manera, Iñaki Urdangarin vuelve a conectarse al mundo del deporte.
Exactamente. 'Bevolutive' es un proyecto que me hace volver, que me hace recuperar las experiencias del pasado, tanto deportivas como personales. Y rescatar todas las vivencias, algunas de ellas extraordinarias, que he vivido en estos 58 años de vida, y volver a trasladarlas tanto a deportistas como al mundo corporativo. En general, a las personas, pero sobre todo a los deportistas para acompañarlos en este tránsito hacia una nueva etapa vital después del deporte.
El Urdangarin que llegó a las categorías inferiores del Barça de balonmano, ¿de qué estaría más orgulloso?
De haberme llevado unos valores del deporte que me han acompañado toda mi vida. El deporte es una escuela de vida, que se dice muchas veces, pero no siempre se practica: haberme llevado unos valores de disciplina, trabajo en equipo, resiliencia... Y gestión de conflictos, porque un vestuario no es fácil. Todo eso me ha servido en el resto de mis etapas vitales: ese ADN nunca te abandona.
¿Es un ADN que, en parte, le marca Valero Rivera por su disciplina?
Y no tan solo la disciplina, aunque evidentemente para llegar a la élite y mantenerte como nos mantuvimos había que tener una gran disciplina. Valero era todo el proyecto: consiguió que la cultura del equipo fuese indestructible y que el equipo estuviese por encima de las individualidades. Innovó, supo gestionar el grupo y los egos del vestuario y trabajó esos valores para que luego, cuando dejes el deporte, veas que todo valió la pena. Y que detrás del deportista se forme una persona.
Con Valero, si el mejor jugador del mundo llegaba tarde cinco minutos, no jugaba y tenía una buena multa...
Exactamente. Las reglas eran iguales para todos y la disciplina era para todos. El valor del equipo era superior al individual. Se podían fichar estrellas, pero lo importante es que se adaptasen al grupo.
Aquel equipo demostró que se podía ganar todo con una base de la casa y alguna pincelada extranjera, como por ejemplo Veselin Vujovic.
Efectivamente. Había una columna vertebral que pudo ser una referencia, un Lorenzo Rico en la portería al principio, un Vujovic, un Bogdan Wenta... gente que marcaba la élite en este deporte, pero si eso no lo acompañas con uno o dos por puesto, de gran calidad, nacionales, catalanes, de la cantera, no da resultado. El Dream Team que consigue todos esos éxitos del 1995 al 2000, se construye realmente mucho antes.
Ser olímpico es lo máximo para un deportista. ¿Qué foto olímpica elegiría?
Recordaría tres momentos. La primera vez que eres olímpico, en Barcelona'92, en nuestra ciudad, en nuestro país, algo que ves crecer desde años antes. Llega el momento y estás en el escenario que has soñado durante toda tu vida. La primera medalla olímpica, Atlanta, 96, con una dificultad de clasificación tremenda y personalmente con una lesión complicada que pude superar. La satisfacción de pisar el podio olímpico es indescriptible. Y el tercero, Sydney'00: mi retirada, mi último partido en activo y otra vez con el bronce.
Está a punto de publicarse su libro. Se titula 'Todo lo vivido' ¿Qué se encontrarán los lectores?
He creído que era la oportunidad y el momento de explicar las cinco etapas más importantes de mi vida: cómo se ha construido el Iñaki de hoy, dar a conocer más a la persona y a los distintos personajes que se han conocido de Iñaki, ya sean positivos como el deporte o los no tan buenos como la etapa oscura que viví. Todo es una suma de aprendizajes, de situaciones que hay que afrontar como cualquier persona y de las que hay que sacar los mejores resultados posibles para seguir sumando capítulos de mi vida.
Urdangarin, con el director de SPORT, Joan Vehils, en su visita a la redacción de SPORT / GORKA URRESOLA
En el libro, habla abiertamente de esos malos momentos, de su paso por prisión... No oculta nada.
Nada. Al final la prisión te trae un momento de reflexión, de autoconocimiento, de enfrentar cara a cara lo que te ha sucedido. Y es un momento de máxima evolución en el que tienes que darte cuenta de lo que te ha llevado hasta allí y de lo que necesitas para continuar. La cárcel fue una lección maravillosa de honestidad y de vulnerabilidad; de afrontar l