Stellantis está viviendo una jornada negrísima en la Bolsa de Milán, el principal mercado donde cotiza el gigante de la automoción. Las acciones se desploman por encima del 23%, destruyendo de un plumazo unos 5.200 millones de euros de capitalización bursátil de la compañía. Un recorte inédito en su historia. Detrás está el anuncio de la pesada factura por el cambio de estrategia en electrificación: 22.000 millones de euros.
Entre otros costes, Stellantis revela el pago en efectivo de 6.500 millones de euros a compensar a proveedores por la cancelación de algunos de sus modelos. Algo que también está sucediendo en otras grandes firmas automovilísticas. «Reflejan en gran medida el coste de sobreestimar el ritmo de la transición energética, que nos distanció de las necesidades, los recursos y los deseos reales de muchos compradores de automóviles», explica Antonio Filosa, CEO de la compañía, en un comunicado que suena a claro reproche a su antecesor, Carlos Tavares. El ajuste es fruto «del impacto de la deficiente ejecución operativa previa, cuyos efectos están abordados progresivamente por nuestro nuevo equipo». «Hemos profundizado en cada aspecto de nuestro negocio y estamos implementando los cambios necesarios, movilizando toda la pasión e ingenio que tenemos», añadió, con un aplauso al aumento de pedidos y la recuperación de ingresos tras el giro de timón. En este 2026 irá por el mismo camino, con «un enfoque inquebrantable» para «cerrar las brechas de ejecución anteriores». Da fecha para contar más detalles: en el Día del Inversor el 21 de mayo.
La propietaria de la factoría de Balaídos defiende su liderazgo en vehículos eléctricos y su firme disposición a «seguir a la vanguardia de su desarrollo». «Este proceso continua a un ritmo que debe regirse por la demanda, no por las órdenes». El grupo «se compromete a ser un referente en libertad de elección, incluso para aquellos clientes cuyo estilo de vida y necesidades laborales hacen que la creciente gama de vehículos híbridos y de combustión interna avanzados sea la solución ideal».
Entre las primeras medidas adoptadas para «revitalizar» el negocio, Stellantis apunta el refuerzo en Norteamérica, uno de sus mercados más críticos, con un plan de inversión de 13.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros) durante los próximos cuatro años, el lanzamiento allí de 5 nuevos vehículos y la creación de 5.000 nuevos empleos. La compañía asegura que ha dado «libertad de tomar decisiones» a los equipos regionales «basadas en su conocimiento directo de las preferencias de los clientes a los que sirven». Stellantis avanza, además, en la creación de «una cadena de suministro más rentable» que «respalde el desarrollo a largo plazo de los programas de vehículos eléctricos».
Entre otros costes, Stellantis revela el pago en efectivo de 6.500 millones de euros a compensar a proveedores por la cancelación de algunos de sus modelos. Algo que también está sucediendo en otras grandes firmas automovilísticas. «Reflejan en gran medida el coste de sobreestimar el ritmo de la transición energética, que nos distanció de las necesidades, los recursos y los deseos reales de muchos compradores de automóviles», explica Antonio Filosa, CEO de la compañía, en un comunicado que suena a claro reproche a su antecesor, Carlos Tavares. El ajuste es fruto «del impacto de la deficiente ejecución operativa previa, cuyos efectos están abordados progresivamente por nuestro nuevo equipo». «Hemos profundizado en cada aspecto de nuestro negocio y estamos implementando los cambios necesarios, movilizando toda la pasión e ingenio que tenemos», añadió, con un aplauso al aumento de pedidos y la recuperación de ingresos tras el giro de timón. En este 2026 irá por el mismo camino, con «un enfoque inquebrantable» para «cerrar las brechas de ejecución anteriores». Da fecha para contar más detalles: en el Día del Inversor el 21 de mayo.
La propietaria de la factoría de Balaídos defiende su liderazgo en vehículos eléctricos y su firme disposición a «seguir a la vanguardia de su desarrollo». «Este proceso continua a un ritmo que debe regirse por la demanda, no por las órdenes». El grupo «se compromete a ser un referente en libertad de elección, incluso para aquellos clientes cuyo estilo de vida y necesidades laborales hacen que la creciente gama de vehículos híbridos y de combustión interna avanzados sea la solución ideal».
Entre las primeras medidas adoptadas para «revitalizar» el negocio, Stellantis apunta el refuerzo en Norteamérica, uno de sus mercados más críticos, con un plan de inversión de 13.000 millones de dólares (unos 11.000 millones de euros) durante los próximos cuatro años, el lanzamiento allí de 5 nuevos vehículos y la creación de 5.000 nuevos empleos. La compañía asegura que ha dado «libertad de tomar decisiones» a los equipos regionales «basadas en su conocimiento directo de las preferencias de los clientes a los que sirven». Stellantis avanza, además, en la creación de «una cadena de suministro más rentable» que «respalde el desarrollo a largo plazo de los programas de vehículos eléctricos».