Marco Antonio Gonzales, cónsul de Perú. / Alba Villar
La regularización anunciada por el Gobierno el pasado mes cambió la percepción de miles de personas sobre su situación. Si desde su llegada se veían sumidos en una burocracia infinita, ahora pueden esperar con alivio. Vivir y trabajar aquí de forma legal ya no parece misión imposible.
Los venezolanos son la nacionalidad predominante y le siguen Colombia, Portugal, Brasil y Perú. Esta mañana en el consulado de Venezuela había un tímido movimiento. Jennifer, una ciudadana que aprovechará la nueva medida para mejorar su situación, explicaba que había ido junto a su marido para preparar el pasaporte, para agilizar en lo posible antes de que abra el plazo en abril.
Por ahora, los migrantes que están en Vigo pueden resolver pequeñas gestiones burocráticas como pedir sus partidas de nacimiento. Necesitan solicitar sus antecedentes, pero caducan a los tres meses, por lo que conviene realizar este trámite más adelante.
El consulado de Perú también tenía poco trasiego. Sin embargo, su cónsul, Marco Antonio Gonzales, confirma que se disparó el interés: «Los ciudadanos están muy atentos al proyecto y nos están pidiendo documentación. Hay muchísima demanda. Nos estamos coordinando con otros consulados y con el General de Barcelona, del que dependemos, para organizarnos ante esta avalancha de solicitudes», cuenta.
Con todo, poco pueden hacer. Hasta abril, nada. «Lo único que podrían ir preparando (porque hace falta) son los antecedentes penales, pero todavía no es conveniente pedirlos, porque tienen una validez de tres meses», indica Gonzales. Su recomendación es que se haga en marzo.
Cuando llegue la fecha van a tener que hacer adaptaciones para atender la demanda. Funcionan mediante citas y habitualmente tienen todas cubiertas. El cónsul señala que ya están estudiando medidas: «En nuestro caso nos planteamos liberar un cuatro días al mes para dedicarlos solo a trámites relacionados con la regularización». Cada uno de de ellos atenderían a una media de 60 personas.
Gonzales no niega la complejidad burocrática. La situación de cada migrante es distinta. Los peruanos no optan a la figura de asilo porque internacionalmente no se considera un país que atente contra las personas, pero si que hay diferentes tipos de arraigo, social o laboral, con las que también necesitan avanzar en el proceso.
Perú tiene varios acuerdos con Galicia. A través de la Xunta se intentó traer a trabajadores como mano de obra en varias ocasiones y existen programas para fomentar este flujo migratorio. Entre ellos están los que incluyen permisos de conducción. El país andino tiene canje con España y, al llegar, solo deben sacarse el CAP.
«Otros peruanos eligen Galicia como destino por el sector pesquero y la industria. Existe una relación histórica, con armadores y empresas gallegas que tienen presencia allí», comenta Gonzales.
No suelen venir por motivos económicos, dice, sino buscando una mejora personal y familiar, además de oportunidades educativas para sus hijos dentro de la Unión Europea.
La regularización anunciada por el Gobierno el pasado mes cambió la percepción de miles de personas sobre su situación. Si desde su llegada se veían sumidos en una burocracia infinita, ahora pueden esperar con alivio. Vivir y trabajar aquí de forma legal ya no parece misión imposible.
Los venezolanos son la nacionalidad predominante y le siguen Colombia, Portugal, Brasil y Perú. Esta mañana en el consulado de Venezuela había un tímido movimiento. Jennifer, una ciudadana que aprovechará la nueva medida para mejorar su situación, explicaba que había ido junto a su marido para preparar el pasaporte, para agilizar en lo posible antes de que abra el plazo en abril.
Por ahora, los migrantes que están en Vigo pueden resolver pequeñas gestiones burocráticas como pedir sus partidas de nacimiento. Necesitan solicitar sus antecedentes, pero caducan a los tres meses, por lo que conviene realizar este trámite más adelante.
El consulado de Perú también tenía poco trasiego. Sin embargo, su cónsul, Marco Antonio Gonzales, confirma que se disparó el interés: «Los ciudadanos están muy atentos al proyecto y nos están pidiendo documentación. Hay muchísima demanda. Nos estamos coordinando con otros consulados y con el General de Barcelona, del que dependemos, para organizarnos ante esta avalancha de solicitudes», cuenta.
Con todo, poco pueden hacer. Hasta abril, nada. «Lo único que podrían ir preparando (porque hace falta) son los antecedentes penales, pero todavía no es conveniente pedirlos, porque tienen una validez de tres meses», indica Gonzales. Su recomendación es que se haga en marzo.
Cuando llegue la fecha van a tener que hacer adaptaciones para atender la demanda. Funcionan mediante citas y habitualmente tienen todas cubiertas. El cónsul señala que ya están estudiando medidas: «En nuestro caso nos planteamos liberar un cuatro días al mes para dedicarlos solo a trámites relacionados con la regularización». Cada uno de de ellos atenderían a una media de 60 personas.
Gonzales no niega la complejidad burocrática. La situación de cada migrante es distinta. Los peruanos no optan a la figura de asilo porque internacionalmente no se considera un país que atente contra las personas, pero si que hay diferentes tipos de arraigo, social o laboral, con las que también necesitan avanzar en el proceso.
Perú tiene varios acuerdos con Galicia. A través de la Xunta se intentó traer a trabajadores como mano de obra en varias ocasiones y existen programas para fomentar este flujo migratorio. Entre ellos están los que incluyen permisos de conducción. El país andino tiene canje con España y, al llegar, solo deben sacarse el CAP.
«Otros peruanos eligen Galicia como destino por el sector pesquero y la industria. Existe una relación histórica, con armadores y empresas gallegas que tienen presencia allí», comenta Gonzales.
No suelen venir por motivos económicos, dice, sino buscando una mejora personal y familiar, además de oportunidades educativas para sus hijos dentro de la Unión Europea.