Lucía Casal Vázquez, con su perro en su explotación ganadera de Melide. / Cedida
El campo se vacía. Ante la falta de relevo generacional en la agricultura y la ganadería, el envejecimiento de la población y la migración a las ciudades, al sector primario en el campo le espera un futuro incierto. Lucía Casal Vázquez, una joven de 22 años de Melide criada en una familia de tres generaciones de ganaderos, busca a través de las redes reivindicar la presencia de los jóvenes en el campo.
Mis abuelos tenían vacas de leche, y cuando cogió mi padre el relevo pasamos a vacas de carne, sobre todo la rubia gallega. Desde pequeña siempre ayudé a mi padre en la granja, fue mi sitio seguro. Empecé a entrar en el tema, y aunque mi padre quería que yo estudiara, me apoyó. Hice el ciclo superior de Ganadería y Asistencia en Sanidad Animal y decidí quedarme con la explotación, pero con tan pocas cabezas de ganado no podía vivir. Lo que hice fue aumentar la cabaña ganadera, recuperando terrenos y una nave que iba a quedar abandonada debido a una jubilación, y creé un destete de 500 terneros.
¿Cómo se le ocurrió la idea de compartir contenidos en redes?
Cuando me creé Instagram era muy pequeña, y a la salida del colegio yo iba a juntar las vacas y me hacía fotos con los animales, y las subía. Me acosaban en el instituto por eso, pero yo siempre le decía a mi padre que yo no estaba haciendo nada malo... y a partir de ahí empecé a compartir mi día a día. En 2023 fui de Erasmus a Irlanda y me presenté a un premio, que gané, y a raíz de eso comenzaron a hacerme entrevistas... empezaron a subirme los seguidores de manera brutal y ahí dije, bueno, esto es mucha presión, pero me está gustando.
En Instagram y TikTok tiene contenido distinto. ¿Como definiría lo que publica en cada plataforma?
Instagram es más bien informativo, explicando o respondiendo a preguntas que te hace la gente. TikTok es un poco seguir las tendencias, haces un vídeo y lo adaptas a tu manera, más desenfadado.
¿Cuál es el objetivo de compartir su profesión en redes?
Darle valor a este sector. Está muy abandonado, y aún por encima soy mujer y joven. Hoy en día, por desgracia, una mujer joven que se dedica a la ganadería sigue teniendo muchas críticas. Intento poner en valor que tenemos el mismo derecho a trabajar en el campo y que podemos llevar una ganadería. Y poner en valor lo que nuestros abuelos han fundado. Todo lo que tenemos hoy es gracias a ellos, con trabajo y con esfuerzo duro de verdad, no tenían las facilidades de ahora.
Claro, hoy tenemos tractores... antes era la espalda de las personas. Siempre me acuerdo de cuando era pequeña y llegaba el día de recoger la hierba seca. Era una fiesta en casa, se juntaba gente de todos lados, mis tíos, mis vecinos... todos eran mano de obra, nos juntábamos 20 personas. Ahora, entre mi padre y yo lo hacemos. La vida avanzó, pero soy de las que me gusta mucho ver lo de antes, ese componente más personal.
¿La aparición de perfiles como el suyo ayuda a dignificar una profesión que aún está vista como algo desfasado o incluso de «paletos»?
Por desgracia se sigue escuchando, y me alegra que cada día aparezcan más perfiles, porque cuantos más reivindiquemos esto, mucho mejor. Queremos dar un cambio verdadero y hacer ver que no es así.
¿Qué es lo que más les gusta a sus seguidores de su contenido?
Hablando de Instagram, que es en la que más interactúo con la gente, les gusta saber, interactuar y conocer buenas noticias. He tenido a los seguidores intrigados por el parto de una vaca. Cuando nació el ternero, lo subí y decían «por fin, le vamos a poner nombre», y así. Son muy curiosos.
Los haters son una constante en las redes. ¿Ha recibido comentarios negativos en sus contenidos?
Si, muchísimos. A finales del año pasado, cuando tuve el subidón de seguidores, aparecieron varios, faltando al respeto y metiéndose conmigo y con mi familia. Yo siempre me reivindiqué en que no le estaba haciendo daño a nadie y que no pido a nadie que me siga.
¿Ha sufrido prejuicios por parte de otros jóvenes o incluso de gente más mayor que ven el trabajo en el campo como algo inferior?
Si, en el instituto, cuando subía las fotos con animales, empezó el bullying. Se metían conmigo diciendo «¡ay, mira, trabaja en la granja, es que no se lava!». Una vez creces y hablas con la gente te dicen «¡bueno mujer, quítate de eso, que no lleva a ningún sitio!». Eso aún es duro, hay prejuicios, de que tienes que estar las 24 horas del día detrás de las vacas, y no. Hay que abrir un poco la mente.
El rural siempre estuvo visto como un trabajo de hombres, con las mujeres a un lado. ¿Es todavía una asignatura pendiente dignificar el papel de la mujer en el rural?
La mujer siempre estuvo presente en el rural, y siempre se le ha dado un papel secundario. Era la que atendía a los animales, la que limpiaba, les daba de comer... ayudaba
El campo se vacía. Ante la falta de relevo generacional en la agricultura y la ganadería, el envejecimiento de la población y la migración a las ciudades, al sector primario en el campo le espera un futuro incierto. Lucía Casal Vázquez, una joven de 22 años de Melide criada en una familia de tres generaciones de ganaderos, busca a través de las redes reivindicar la presencia de los jóvenes en el campo.
Mis abuelos tenían vacas de leche, y cuando cogió mi padre el relevo pasamos a vacas de carne, sobre todo la rubia gallega. Desde pequeña siempre ayudé a mi padre en la granja, fue mi sitio seguro. Empecé a entrar en el tema, y aunque mi padre quería que yo estudiara, me apoyó. Hice el ciclo superior de Ganadería y Asistencia en Sanidad Animal y decidí quedarme con la explotación, pero con tan pocas cabezas de ganado no podía vivir. Lo que hice fue aumentar la cabaña ganadera, recuperando terrenos y una nave que iba a quedar abandonada debido a una jubilación, y creé un destete de 500 terneros.
¿Cómo se le ocurrió la idea de compartir contenidos en redes?
Cuando me creé Instagram era muy pequeña, y a la salida del colegio yo iba a juntar las vacas y me hacía fotos con los animales, y las subía. Me acosaban en el instituto por eso, pero yo siempre le decía a mi padre que yo no estaba haciendo nada malo... y a partir de ahí empecé a compartir mi día a día. En 2023 fui de Erasmus a Irlanda y me presenté a un premio, que gané, y a raíz de eso comenzaron a hacerme entrevistas... empezaron a subirme los seguidores de manera brutal y ahí dije, bueno, esto es mucha presión, pero me está gustando.
En Instagram y TikTok tiene contenido distinto. ¿Como definiría lo que publica en cada plataforma?
Instagram es más bien informativo, explicando o respondiendo a preguntas que te hace la gente. TikTok es un poco seguir las tendencias, haces un vídeo y lo adaptas a tu manera, más desenfadado.
¿Cuál es el objetivo de compartir su profesión en redes?
Darle valor a este sector. Está muy abandonado, y aún por encima soy mujer y joven. Hoy en día, por desgracia, una mujer joven que se dedica a la ganadería sigue teniendo muchas críticas. Intento poner en valor que tenemos el mismo derecho a trabajar en el campo y que podemos llevar una ganadería. Y poner en valor lo que nuestros abuelos han fundado. Todo lo que tenemos hoy es gracias a ellos, con trabajo y con esfuerzo duro de verdad, no tenían las facilidades de ahora.
Claro, hoy tenemos tractores... antes era la espalda de las personas. Siempre me acuerdo de cuando era pequeña y llegaba el día de recoger la hierba seca. Era una fiesta en casa, se juntaba gente de todos lados, mis tíos, mis vecinos... todos eran mano de obra, nos juntábamos 20 personas. Ahora, entre mi padre y yo lo hacemos. La vida avanzó, pero soy de las que me gusta mucho ver lo de antes, ese componente más personal.
¿La aparición de perfiles como el suyo ayuda a dignificar una profesión que aún está vista como algo desfasado o incluso de «paletos»?
Por desgracia se sigue escuchando, y me alegra que cada día aparezcan más perfiles, porque cuantos más reivindiquemos esto, mucho mejor. Queremos dar un cambio verdadero y hacer ver que no es así.
¿Qué es lo que más les gusta a sus seguidores de su contenido?
Hablando de Instagram, que es en la que más interactúo con la gente, les gusta saber, interactuar y conocer buenas noticias. He tenido a los seguidores intrigados por el parto de una vaca. Cuando nació el ternero, lo subí y decían «por fin, le vamos a poner nombre», y así. Son muy curiosos.
Los haters son una constante en las redes. ¿Ha recibido comentarios negativos en sus contenidos?
Si, muchísimos. A finales del año pasado, cuando tuve el subidón de seguidores, aparecieron varios, faltando al respeto y metiéndose conmigo y con mi familia. Yo siempre me reivindiqué en que no le estaba haciendo daño a nadie y que no pido a nadie que me siga.
¿Ha sufrido prejuicios por parte de otros jóvenes o incluso de gente más mayor que ven el trabajo en el campo como algo inferior?
Si, en el instituto, cuando subía las fotos con animales, empezó el bullying. Se metían conmigo diciendo «¡ay, mira, trabaja en la granja, es que no se lava!». Una vez creces y hablas con la gente te dicen «¡bueno mujer, quítate de eso, que no lleva a ningún sitio!». Eso aún es duro, hay prejuicios, de que tienes que estar las 24 horas del día detrás de las vacas, y no. Hay que abrir un poco la mente.
El rural siempre estuvo visto como un trabajo de hombres, con las mujeres a un lado. ¿Es todavía una asignatura pendiente dignificar el papel de la mujer en el rural?
La mujer siempre estuvo presente en el rural, y siempre se le ha dado un papel secundario. Era la que atendía a los animales, la que limpiaba, les daba de comer... ayudaba