Una vez que se deja atrás la ciudad de Semera, el paisaje etíope se abre rápidamente en vastas extensiones de tierra seca que parecen prolongarse sin fin hasta el horizonte. Escasos arbustos verdes salpican el suelo polvoriento, enmarcados por montañas y volcanes lejanos que definen el paisaje afarí. Mientras nuestros vehículos avanzan hacia la localidad de Magenta para llevar nutrición a niños y niñas a través de nuestras actividades comunitarias, un río discurre junto a la carretera. Uno de los principales retos a los que se enfrentan las comunidades locales está justo delante de nuestros ojos: el agua.
Afar, atravesada por la Depresión de Danakil que marca el extremo norte del Valle del Rift de África Oriental, está considerada uno de los lugares habitados más calurosos del planeta. La disponibilidad y la calidad del agua en la región están fuertemente condicionadas por su clima árido y su compleja geología. Algunas fuentes de agua subterránea no son aptas para el consumo habitual, pero aun así la población depende de ellas. El río Awash, una fuente de agua crucial para muchas comunidades, está sujeto a contaminación ambiental a lo largo de su curso y sigue siendo vulnerable a la polución. En Afar, hogar de más de dos millones de personas -muchas de ellas nómadas y pastoras-, numerosas familias dependen de una combinación de lluvias estacionales, pozos poco profundos, perforaciones y, en ocasiones, agua transportada en camiones, lo que refleja las dificultades para acceder a fuentes de agua de calidad.
“Este año la sequía fue peor y no obtuvimos las mismas cosechas que en años anteriores”, explica Abahefa Ari, madre de cinco hijos. “Mi bebé tuvo diarrea, así que fuimos al centro de salud más cercano, donde la trataron y le dieron el alta. Al volver a casa, su estado no mejoró y después tuvo otro episodio de diarrea, que la debilitó aún más. Un vecino nos aconsejó ir al hospital de Dubti, diciendo que era un buen lugar para niños como Fatuma. Cuando llegamos, nos derivaron a la sala de MSF. Fue entonces cuando supe que mi hija sufría desnutrición”.
Para Abahefa, era la primera vez que uno de sus hijos ingresaba en el Centro Terapéutico de Alimentación Intensiva (ITFC, por sus siglas en inglés). Para otras personas, desgraciadamente, la sala es ya conocida. Isaa, madre de Fafi, de 1 año, ya había estado allí antes. “La primera vez que vinimos, mi hija tenía solo 7 meses”, explica. “Nos quedamos cinco días hasta que le dieron el alta. Esta vez llevamos aquí diez días y ya puedo ver cómo está mejorando”. Isaa y Fafi fueron derivadas al hospital de Dubti por nuestros equipos de clínicas móviles.
Médicos Sin Fronteras estamos presentes en Afar desde 2022, proporcionando apoyo vital a niños, niñas y mujeres embarazadas y lactantes afectados por la desnutrición. En el Hospital General de Dubti (DGH), del Ministerio de Salud, gestionamos el ITFC con una capacidad de 50 camas. La sala trata a niños y niñas menores de 5 años que sufren desnutrición aguda grave (DAG) con complicaciones médicas. Solo en 2025, tratamos aquí a 1.594 niños y niñas.
El año pasado también pusimos en marcha actividades comunitarias para atender a comunidades que viven lejos del hospital y ofrecer un seguimiento regular. “Este enfoque a más largo plazo ayuda a reducir la necesidad de ingresos hospitalarios repetidos”, explica Emmanuelle Quet, coordinadora de nuestro proyecto en Afar. “Dos equipos móviles visitan ahora ocho localidades cada semana, cribando y tratando a niños con desnutrición aguda grave y proporcionando alimentos terapéuticos como Plumpy’Nut”, añade Quet. Los niños con complicaciones graves son derivados al ITFC del Hospital General de Dubti cuando es necesario, como ocurrió en el caso de Fafi.
“La distancia es una de las mayores barreras para la atención aquí”, afirma Quet. “Las familias suelen viajar durante horas para llegar al puesto de salud más cercano y, a veces, días para alcanzar el hospital. Cualquier interrupción, como carreteras inundadas o la falta de transporte, puede significar que un niño o niña no reciba tratamiento a tiempo”.
El acceso a determinadas zonas de Afar es complicado no solo para los pacientes, sino también para nuestros equipos. En la carretera hacia Magenta, por ejemplo, el río puede inundar las vías, lo que dificulta enormemente el paso incluso a vehículos 4x4. Recientemente, uno de nuestros equipos tardó más de 6 horas en recorrer apenas 30 o 40 kilómetros, y nuestras enfermeras y conductores tuvieron que empujar los vehículos para sacarlos del barro y garantizar que el Plumpy’Nut llegara a las familias que necesitaban su nutrición semanal para salvar vidas. Solo unos días antes, un equipo comunitario quedó atrapado mientras trasladaba a un niño que necesitaba atención urgente y que estaba siendo derivado al ITFC de MSF, lo que provocó un retraso qu
Afar, atravesada por la Depresión de Danakil que marca el extremo norte del Valle del Rift de África Oriental, está considerada uno de los lugares habitados más calurosos del planeta. La disponibilidad y la calidad del agua en la región están fuertemente condicionadas por su clima árido y su compleja geología. Algunas fuentes de agua subterránea no son aptas para el consumo habitual, pero aun así la población depende de ellas. El río Awash, una fuente de agua crucial para muchas comunidades, está sujeto a contaminación ambiental a lo largo de su curso y sigue siendo vulnerable a la polución. En Afar, hogar de más de dos millones de personas -muchas de ellas nómadas y pastoras-, numerosas familias dependen de una combinación de lluvias estacionales, pozos poco profundos, perforaciones y, en ocasiones, agua transportada en camiones, lo que refleja las dificultades para acceder a fuentes de agua de calidad.
“Este año la sequía fue peor y no obtuvimos las mismas cosechas que en años anteriores”, explica Abahefa Ari, madre de cinco hijos. “Mi bebé tuvo diarrea, así que fuimos al centro de salud más cercano, donde la trataron y le dieron el alta. Al volver a casa, su estado no mejoró y después tuvo otro episodio de diarrea, que la debilitó aún más. Un vecino nos aconsejó ir al hospital de Dubti, diciendo que era un buen lugar para niños como Fatuma. Cuando llegamos, nos derivaron a la sala de MSF. Fue entonces cuando supe que mi hija sufría desnutrición”.
Para Abahefa, era la primera vez que uno de sus hijos ingresaba en el Centro Terapéutico de Alimentación Intensiva (ITFC, por sus siglas en inglés). Para otras personas, desgraciadamente, la sala es ya conocida. Isaa, madre de Fafi, de 1 año, ya había estado allí antes. “La primera vez que vinimos, mi hija tenía solo 7 meses”, explica. “Nos quedamos cinco días hasta que le dieron el alta. Esta vez llevamos aquí diez días y ya puedo ver cómo está mejorando”. Isaa y Fafi fueron derivadas al hospital de Dubti por nuestros equipos de clínicas móviles.
Médicos Sin Fronteras estamos presentes en Afar desde 2022, proporcionando apoyo vital a niños, niñas y mujeres embarazadas y lactantes afectados por la desnutrición. En el Hospital General de Dubti (DGH), del Ministerio de Salud, gestionamos el ITFC con una capacidad de 50 camas. La sala trata a niños y niñas menores de 5 años que sufren desnutrición aguda grave (DAG) con complicaciones médicas. Solo en 2025, tratamos aquí a 1.594 niños y niñas.
El año pasado también pusimos en marcha actividades comunitarias para atender a comunidades que viven lejos del hospital y ofrecer un seguimiento regular. “Este enfoque a más largo plazo ayuda a reducir la necesidad de ingresos hospitalarios repetidos”, explica Emmanuelle Quet, coordinadora de nuestro proyecto en Afar. “Dos equipos móviles visitan ahora ocho localidades cada semana, cribando y tratando a niños con desnutrición aguda grave y proporcionando alimentos terapéuticos como Plumpy’Nut”, añade Quet. Los niños con complicaciones graves son derivados al ITFC del Hospital General de Dubti cuando es necesario, como ocurrió en el caso de Fafi.
“La distancia es una de las mayores barreras para la atención aquí”, afirma Quet. “Las familias suelen viajar durante horas para llegar al puesto de salud más cercano y, a veces, días para alcanzar el hospital. Cualquier interrupción, como carreteras inundadas o la falta de transporte, puede significar que un niño o niña no reciba tratamiento a tiempo”.
El acceso a determinadas zonas de Afar es complicado no solo para los pacientes, sino también para nuestros equipos. En la carretera hacia Magenta, por ejemplo, el río puede inundar las vías, lo que dificulta enormemente el paso incluso a vehículos 4x4. Recientemente, uno de nuestros equipos tardó más de 6 horas en recorrer apenas 30 o 40 kilómetros, y nuestras enfermeras y conductores tuvieron que empujar los vehículos para sacarlos del barro y garantizar que el Plumpy’Nut llegara a las familias que necesitaban su nutrición semanal para salvar vidas. Solo unos días antes, un equipo comunitario quedó atrapado mientras trasladaba a un niño que necesitaba atención urgente y que estaba siendo derivado al ITFC de MSF, lo que provocó un retraso qu