Elon Musk compartió imágenes generadas con inteligencia artificial del primer ministro del Reino Unido y llamó "sucio" al presidente del Gobierno español. La misma retórica de ataques y "bulos" es la que utilizó este miércoles el dueño de Telegram. ¿Por qué están tan molestos los jefes de las grandes tecnológicas?
"Los 'tecnobros' tienen una autopercepción de sí mismos bastante mesiánica, tienen mucho poder y herramientas de influencia social, llegan a verse como mesías", afirma el catedrático Guillermo López García.
Madrid-05/02/2026 21:55-Actualizado a06/02/2026 07:34
La polémica empezó con un "wow". Elon Musk tiró de interjección para reaccionar al anuncio del Gobierno de España de regularizar
a medio millón de personas migrantes, fruto del acuerdo alcanzado entre PSOE
y Podemos. "Marte puede esperar. La humanidad no", le respondió Pedro Sánchez.
Lo que vino después marca el inicio de una partida de dardos -cruzados- que se resiste a cantar el game shot. Musk
volvió a la carga este martes, haciendo alarde de su indignación por los
planes del mandatario español de aumentar el control sobre las plataformas
digitales. "Dirty Sánchez es un tirano y un traidor", recalcó.
El magnate sudafricano encontró un aliado este miércoles en Dubái,
donde vive el ruso Pável Durov, dueño de Telegram. El empresario envió una
advertencia a todos los usuarios de su red social en la que pedía a los
españoles permanecer "vigilantes" frente a las medidas anunciadas por el
Gobierno, unas medidas que enmarca en una estrategia de "control total" y “censura”
de la que responsabiliza al propio Estado. Durov
edulcora su mensaje con exclamaciones y emoticonos de peligro. "Que los
tecno-oligarcas ladren es señal de que cabalgamos", ironizó el líder del
Ejecutivo, poco después de conocer la rección del multimillonario ruso,
detenido recientemente por permitir actividades como la distribución de
contenido pedófilo en Telegram. Moncloa acusó al fundador de la plataforma de
esparcir "bulos" y "erosionar la confianza" en las instituciones.
Sánchez no es el único blanco de las críticas de Musk y
Durov. La ofensiva de los tecnobros lleva meses encima de la mesa. Y las
miradas apuntan casi siempre a líderes europeos. El dueño de X, antes Twitter,
compartió a principios de enero una imagen generada con inteligencia artificial
del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, luciendo un bikini. ¿El
motivo? El Gobierno británico había amenazado con cerrar Grok, la plataforma de
inteligencia artificial gestionada por Musk. Emmanuel Macron también acusó
al magnate sudafricano de "apoyar una nueva internacional reaccionaria" y
querer "intervenir" en la política internacional.
¿Qué hay detrás de esta cadena de ataques y reproches? ¿Por
qué están tan enfadados algunos de los hombres más ricos del mundo? ¿Cómo pueden
afectar estos conflictos a la reputación de los empresarios? ¿Y pueden tener
algún tipo de impacto en los resultados electorales de los países señalados?
Los dueños de las grandes tecnológicas no están solos en
esta batalla, tienen el visto bueno de Donald Trump. La alianza quedó al
descubierto el primer día de su segundo mandato. Musk,
Zuckerberg y Bezos ocuparon un lugar protagonista en la toma de posesión del
líder republicano. "El acuerdo entre la administración estadounidense y las
big tech para mantener una posición dominante en los mercados es total y
absoluto. Lo que buscan es seguir maximizando beneficios, por eso emprenden batallitas
[como las de esta última semana] contra todo el que se pone en el medio. Las
autoridades europeas y su intención de contener el poder de mercado de estas bestias
son sin duda un obstáculo para sus objetivos", sostiene Antonio Cabrales,
catedrático de economía en la Universidad Carlos III de Madrid.
Esta es una tesis que también comparte Mariluz Congosto,
profesora honoraria de comunicación audiovisual y publicidad en la Universidad
de Málaga. "Las tecnológicas se pusieron a disposición del turmpismo durante
la última campaña electoral y al mismo tiempo, consiguieron su protección. Trump
utiliza el mantra de la libertad de expresión para promover un discurso
antirregulatorio y amenaza con aranceles cuando los países europeos proponen
algún tipo de medida o sanción", insiste. "Las pequeñas multas que les han podido
caer y regulaciones como la Ley de Servicios Digitales -que España aplica mal y
tarde- son de todos modos un paso tímido e ineficiente, para lo único que han
valido es para que los líderes de las principales empresas mostraran su
verdadero rostro y se alinearan fervientemente con Doland Trump", matizan desde
Proyecto UNA, colectivo centrado en investigar la cultura digital y nuestra
relación con la tecnología, dos cuestiones que abordan en el ensayo La
viralidad del mal (Descontrol).
El enfado de las multinacionales que controlan el mercado
tecnológico responde fun
"Los 'tecnobros' tienen una autopercepción de sí mismos bastante mesiánica, tienen mucho poder y herramientas de influencia social, llegan a verse como mesías", afirma el catedrático Guillermo López García.
Madrid-05/02/2026 21:55-Actualizado a06/02/2026 07:34
La polémica empezó con un "wow". Elon Musk tiró de interjección para reaccionar al anuncio del Gobierno de España de regularizar
a medio millón de personas migrantes, fruto del acuerdo alcanzado entre PSOE
y Podemos. "Marte puede esperar. La humanidad no", le respondió Pedro Sánchez.
Lo que vino después marca el inicio de una partida de dardos -cruzados- que se resiste a cantar el game shot. Musk
volvió a la carga este martes, haciendo alarde de su indignación por los
planes del mandatario español de aumentar el control sobre las plataformas
digitales. "Dirty Sánchez es un tirano y un traidor", recalcó.
El magnate sudafricano encontró un aliado este miércoles en Dubái,
donde vive el ruso Pável Durov, dueño de Telegram. El empresario envió una
advertencia a todos los usuarios de su red social en la que pedía a los
españoles permanecer "vigilantes" frente a las medidas anunciadas por el
Gobierno, unas medidas que enmarca en una estrategia de "control total" y “censura”
de la que responsabiliza al propio Estado. Durov
edulcora su mensaje con exclamaciones y emoticonos de peligro. "Que los
tecno-oligarcas ladren es señal de que cabalgamos", ironizó el líder del
Ejecutivo, poco después de conocer la rección del multimillonario ruso,
detenido recientemente por permitir actividades como la distribución de
contenido pedófilo en Telegram. Moncloa acusó al fundador de la plataforma de
esparcir "bulos" y "erosionar la confianza" en las instituciones.
Sánchez no es el único blanco de las críticas de Musk y
Durov. La ofensiva de los tecnobros lleva meses encima de la mesa. Y las
miradas apuntan casi siempre a líderes europeos. El dueño de X, antes Twitter,
compartió a principios de enero una imagen generada con inteligencia artificial
del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, luciendo un bikini. ¿El
motivo? El Gobierno británico había amenazado con cerrar Grok, la plataforma de
inteligencia artificial gestionada por Musk. Emmanuel Macron también acusó
al magnate sudafricano de "apoyar una nueva internacional reaccionaria" y
querer "intervenir" en la política internacional.
¿Qué hay detrás de esta cadena de ataques y reproches? ¿Por
qué están tan enfadados algunos de los hombres más ricos del mundo? ¿Cómo pueden
afectar estos conflictos a la reputación de los empresarios? ¿Y pueden tener
algún tipo de impacto en los resultados electorales de los países señalados?
Los dueños de las grandes tecnológicas no están solos en
esta batalla, tienen el visto bueno de Donald Trump. La alianza quedó al
descubierto el primer día de su segundo mandato. Musk,
Zuckerberg y Bezos ocuparon un lugar protagonista en la toma de posesión del
líder republicano. "El acuerdo entre la administración estadounidense y las
big tech para mantener una posición dominante en los mercados es total y
absoluto. Lo que buscan es seguir maximizando beneficios, por eso emprenden batallitas
[como las de esta última semana] contra todo el que se pone en el medio. Las
autoridades europeas y su intención de contener el poder de mercado de estas bestias
son sin duda un obstáculo para sus objetivos", sostiene Antonio Cabrales,
catedrático de economía en la Universidad Carlos III de Madrid.
Esta es una tesis que también comparte Mariluz Congosto,
profesora honoraria de comunicación audiovisual y publicidad en la Universidad
de Málaga. "Las tecnológicas se pusieron a disposición del turmpismo durante
la última campaña electoral y al mismo tiempo, consiguieron su protección. Trump
utiliza el mantra de la libertad de expresión para promover un discurso
antirregulatorio y amenaza con aranceles cuando los países europeos proponen
algún tipo de medida o sanción", insiste. "Las pequeñas multas que les han podido
caer y regulaciones como la Ley de Servicios Digitales -que España aplica mal y
tarde- son de todos modos un paso tímido e ineficiente, para lo único que han
valido es para que los líderes de las principales empresas mostraran su
verdadero rostro y se alinearan fervientemente con Doland Trump", matizan desde
Proyecto UNA, colectivo centrado en investigar la cultura digital y nuestra
relación con la tecnología, dos cuestiones que abordan en el ensayo La
viralidad del mal (Descontrol).
El enfado de las multinacionales que controlan el mercado
tecnológico responde fun