El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, define el escenario actual como de "asfixia económica", apela a la "unidad" y la "resistencia" de los cubanos y asegura estar dispuesto a "dialogar" con Washington.
En una puesta en escena poco habitual en la isla, el presidente cubano y primer secretario del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel, compareció este jueves durante más de dos horas ante los medios de comunicación, en la que fue su primera intervención pública desde el ataque estadounidense sobre Venezuela y la decisión de la Casa Blanca de imponer un bloqueo petrolero a Cuba. El mandatario definió el escenario actual como de "asfixia económica", apeló a la "unidad" y la "resistencia" del pueblo cubano y aseguró estar dispuesto a mantener un "diálogo" con Washington. Asimismo, advirtió de la necesidad de asumir "sacrificios" y avanzó nuevos planes para afrontar la crisis energética que atraviesa la isla. "No es una opción rendirse", afirmó.
Aunque Donald Trump aseguró recientemente que Washington ya mantiene "negociaciones a alto nivel" con La Habana, las autoridades cubanas no se habían pronunciado explícitamente hasta ahora. Durante su comparecencia, Miguel Díaz-Canel reiteró que Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos "sobre cualquier tema", pero dejó claro que solo aceptará conversaciones "sin presiones", "sin precondiciones" y desde "el respeto a la soberanía nacional".
En la misma línea, el viceministro de Relaciones Exteriores cubano, Carlos Fernández de Cossío, ya habían expresado en una entrevista reciente que La Habana se muestra dispuesta a discutir con Washington sobre "cualquier asunto", pero sin abrir la puerta a cambios en su sistema político: "No estamos listos para discutir nuestro sistema constitucional, así como suponemos que Estados Unidos no está listo para discutir el suyo", afirmó. En la comparecencia de este 5 de febrero, Miguel Díaz-Canel reforzó esa línea al insistir en la "continuidad" del proyecto político cubano y apelar a la "unidad nacional" como mejor respuesta a las sanciones estadounidenses.
Aunque Díaz-Canel calificó las medidas impulsadas por Trump como una política de "bloqueo criminal", evitó elevar el tono confrontativo y llegó a enumerar varios ámbitos en los que, a su juicio, ambos países podrían empezar a cooperar. "Temas migratorios, de seguridad, de lucha contra el narcotráfico, contra el terrorismo, y cuestiones medioambientales vinculadas al golfo de México y a las corrientes marinas", señaló, antes de lamentar "de cuántas cosas privamos a ambos pueblos por esa política decadente, prepotente y criminal de bloqueo".
Cuba atraviesa un momento de extrema debilidad. La nación caribeña ha sido la principal afectada por el ataque estadounidense sobre Venezuela, puesto que la Casa Blanca exigió a Caracas el corte del suministro petrolero que históricamente había ayudado a la isla a compensar su crónica escasez de energía. Este golpe ha agravado el déficit energético que vive la isla: el país requiere alrededor de 110.000 barriles de petróleo diarios para cubrir su demanda básica, pero apenas logra extraer 40.000 barriles de crudo pesado de producción nacional, lo que obliga a depender de importaciones externas en un contexto cada vez más restringido.
Hasta hace poco, México –y en menor medida países como Rusia o Argelia– complementaban ese suministro tras la caída de los envíos venezolanos, pero la orden ejecutiva firmada por Trump a finales de enero –que permite imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba– se ha convertido en un bloqueo energético de facto que por ahora ningún país se ha mostrado dispuesto a romper.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum instruyó la pasada semana a su ministro de Exteriores para explorar una solución diplomática que permita retomar los envíos petroleros a Cuba y anunció el envío de alimentos como apoyo temporal. Por su parte, el embajador de Rusia en La Habana, Víctor Koronelli, aseguró este jueves que "el petróleo ruso ha sido suministrado a Cuba en numerosas ocasiones en los últimos años. Prevemos que esta práctica continuará", aunque no detalló cómo se concretará ese suministro ante el bloqueo energético. En su comparecencia de este jueves, Miguel Díaz‑Canel confirmó que la isla no ha recibido nuevos cargamentos de petróleo desde diciembre pasado.
Desde la entrada en vigor del decreto de Trump, la Unión Eléctrica (UNE), la compañía estatal cubana, ha reportado diariamente déficits de generación que superan con frecuencia los 1.800 MW en horas pico. Según datos oficiales, este nivel de déficit implica que con frecuencia más del 50% de la demanda eléctrica llega a no cubrirse; provocando largos periodos de apagones.
Esta brecha energética provoca cortes continuos que no solo afectan a la población, alimentando el descontento social, sino que también golpean con fuerza a la
En una puesta en escena poco habitual en la isla, el presidente cubano y primer secretario del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel, compareció este jueves durante más de dos horas ante los medios de comunicación, en la que fue su primera intervención pública desde el ataque estadounidense sobre Venezuela y la decisión de la Casa Blanca de imponer un bloqueo petrolero a Cuba. El mandatario definió el escenario actual como de "asfixia económica", apeló a la "unidad" y la "resistencia" del pueblo cubano y aseguró estar dispuesto a mantener un "diálogo" con Washington. Asimismo, advirtió de la necesidad de asumir "sacrificios" y avanzó nuevos planes para afrontar la crisis energética que atraviesa la isla. "No es una opción rendirse", afirmó.
Aunque Donald Trump aseguró recientemente que Washington ya mantiene "negociaciones a alto nivel" con La Habana, las autoridades cubanas no se habían pronunciado explícitamente hasta ahora. Durante su comparecencia, Miguel Díaz-Canel reiteró que Cuba está dispuesta a dialogar con Estados Unidos "sobre cualquier tema", pero dejó claro que solo aceptará conversaciones "sin presiones", "sin precondiciones" y desde "el respeto a la soberanía nacional".
En la misma línea, el viceministro de Relaciones Exteriores cubano, Carlos Fernández de Cossío, ya habían expresado en una entrevista reciente que La Habana se muestra dispuesta a discutir con Washington sobre "cualquier asunto", pero sin abrir la puerta a cambios en su sistema político: "No estamos listos para discutir nuestro sistema constitucional, así como suponemos que Estados Unidos no está listo para discutir el suyo", afirmó. En la comparecencia de este 5 de febrero, Miguel Díaz-Canel reforzó esa línea al insistir en la "continuidad" del proyecto político cubano y apelar a la "unidad nacional" como mejor respuesta a las sanciones estadounidenses.
Aunque Díaz-Canel calificó las medidas impulsadas por Trump como una política de "bloqueo criminal", evitó elevar el tono confrontativo y llegó a enumerar varios ámbitos en los que, a su juicio, ambos países podrían empezar a cooperar. "Temas migratorios, de seguridad, de lucha contra el narcotráfico, contra el terrorismo, y cuestiones medioambientales vinculadas al golfo de México y a las corrientes marinas", señaló, antes de lamentar "de cuántas cosas privamos a ambos pueblos por esa política decadente, prepotente y criminal de bloqueo".
Cuba atraviesa un momento de extrema debilidad. La nación caribeña ha sido la principal afectada por el ataque estadounidense sobre Venezuela, puesto que la Casa Blanca exigió a Caracas el corte del suministro petrolero que históricamente había ayudado a la isla a compensar su crónica escasez de energía. Este golpe ha agravado el déficit energético que vive la isla: el país requiere alrededor de 110.000 barriles de petróleo diarios para cubrir su demanda básica, pero apenas logra extraer 40.000 barriles de crudo pesado de producción nacional, lo que obliga a depender de importaciones externas en un contexto cada vez más restringido.
Hasta hace poco, México –y en menor medida países como Rusia o Argelia– complementaban ese suministro tras la caída de los envíos venezolanos, pero la orden ejecutiva firmada por Trump a finales de enero –que permite imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba– se ha convertido en un bloqueo energético de facto que por ahora ningún país se ha mostrado dispuesto a romper.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum instruyó la pasada semana a su ministro de Exteriores para explorar una solución diplomática que permita retomar los envíos petroleros a Cuba y anunció el envío de alimentos como apoyo temporal. Por su parte, el embajador de Rusia en La Habana, Víctor Koronelli, aseguró este jueves que "el petróleo ruso ha sido suministrado a Cuba en numerosas ocasiones en los últimos años. Prevemos que esta práctica continuará", aunque no detalló cómo se concretará ese suministro ante el bloqueo energético. En su comparecencia de este jueves, Miguel Díaz‑Canel confirmó que la isla no ha recibido nuevos cargamentos de petróleo desde diciembre pasado.
Desde la entrada en vigor del decreto de Trump, la Unión Eléctrica (UNE), la compañía estatal cubana, ha reportado diariamente déficits de generación que superan con frecuencia los 1.800 MW en horas pico. Según datos oficiales, este nivel de déficit implica que con frecuencia más del 50% de la demanda eléctrica llega a no cubrirse; provocando largos periodos de apagones.
Esta brecha energética provoca cortes continuos que no solo afectan a la población, alimentando el descontento social, sino que también golpean con fuerza a la